
Asesinando musas que se profugaron en la mar del olvido. Aquellas que calladas ahogaban
de gritos el espejo del alma.
Filósafas del miedo y el espanto, pero que con una suave sonrisa del hombre desdibujaron las cadenas que ataban sus muñecas.
Asesinas de dulzuras y erecciones, asesinas que caricias a flor de piel, que entibiaban la parte púbica del cuerpo femenino de aquella prisionera que solo cumplia con sus deseos.
Asesinando musas que se sintieron defraudadas por un amor que no les correspondian, que no eran cómplices de los actos sexuales, ni eran dignas de ellos.